SOBORNO EN WAL MART, CAMPECHE: ¿EXCEPCIÓN O REGLA?

Publicado: 23/04/2012 en Uncategorized
 (Publicado en Expreso de Campeche)
 
El periodista del New York Times, David Barstow, abrió la caja de pandora. Con la ayuda y declaraciones de Sergio Cicero Zapata un ex ejecutivo de Wal Mart México hizo rodar la noticia. La empresa norteamericana gastó desde el 2002 y hasta 2008 más de 24 millones de dólares en pago a funcionarios locales en varios estados del país para la expansión de la franquicia norteamericana en suelo mexicano. Cicero le dijo al diario que él ayudó a organizar los pagos a funcionarios locales, incluyendo el envío de intermediarios para entregar sobres llenos de dinero. El objetivo de los sobornos, dijo, fue garantizar terrenos estratégicos, reducciones de las tarifas de impacto ambiental y el apoyo de las autoridades y líderes locales.
Hasta abril del 2003 y desde muchos años atrás, la única franquicia que operaba en el área Ah Kim Pech  era el solitario establecimiento de Church´s Chicken, entonces propiedad del empresario de Yusuf Amdani. Los terrenos de esa zona de la ciudad quedaron reservados, para empresarios de la construcción, algunos funcionarios y políticos y otros que quedaron en manos del gobierno del estado para detonar el desarrollo del Campeche Moderno. El 23 de abril del 2003 se rompía el hechizo. Ese día, el gobernador José Antonio González Curi, la alcaldesa Alejandrina del Pilar Moreno y un representante que la Cadena Wal- Mart envió desde sus oficinas en Blvd. Manuel Ávila Camacho 647 en Delegación Miguel Hidalgo, DF, colocaron la primera piedra para la construcción de uno de sus establecimientos, Sam´s Club. Meses después abrió sus puertas. Comenzaba así la era de las trasnacionales en Campeche y Carmen. Los acuerdos para la construcción coincidía con la llegada a la firma del principal implicado en el escándalo de soborno a gobiernos locales en México, el ecuatoriano Eduardo Castro-Wright, quién logró cerrar el año 2003 abriendo más establecimientos por todo el país, incluido Campeche, que los abiertos en los últimos cinco años, según puede observarse en el historial de la trasnacional.
Era martes, aquél 15 de julio del 2008, cuando a solo 200 metros de Sam´s Club, la trasnacional norteamericana abría otra sucursal en uno de los últimos terrenos que el gobierno del estado tenía disponible para el desarrollo comercial en la zona más añorada de la ciudad. Aquella quincena del 2008, y un mes antes de lo previsto, Wal-Mart abría sus puertas. Se invirtieron alrededor de 180 millones de pesos y se construyó en una superficie de 30 mil metros cuadrados del área comercial Ah-Kim-Pech. Sumado al Aurrera de la Ave. Gobernadores, Sam´s Club, y los similares en Ciudad del Carmen. En solo cuatro años el gigante norteamericano había invertido 690 millones de pesos y su meta era llegar a tener ocho establecimientos en la entidad. El director de la Promotora de Servicios Comerciales de Campeche, Eudaldo Espinosa Álvarez, comentó en ese entonces que la empresa Wal-Mart ocupó el último terreno que quedaba en el área  pagando el metro cuadrado a razón de dos mil 800 pesos.
Casi 20 mil metros cuadrados de los 30 mil que ocupa el complejo, pertenecían al Instituto de Seguridad y Servicios Sociales para los Trabajadores del Estado de Campeche (Issstecam), y según se vendió ese terreno no para seguir privilegiando a la compañía fundada en 1962, sino que con estos recursos se ampliaría el Fondo de Pensiones del Isstecam. Casi 90 millones de pesos desembolsaron los ejecutivos para instalarse en el exclusivo terreno.
El artículo del New York Times no habla de casos específicos, ni de nombres de involucrados, solo hace referencias a funcionarios locales. En la reconstrucción de la lía de tiempo del 2002 a la fecha, solo hay otra coincidencia. En 2008, por los resultados obtenidos con la expansión de Wal-Mart, el principal acusado de los sobornos, Castro-Wright, fue ascendido a Vicepresidente de la mayor tienda minorista del mundo. La idea que prevaleció fue hacer tantos establecimientos y tan rápidos que la competencia no tuviera tiempo de reaccionar.
Las ausencias de franquicias en Campeche estaban originadas en un rechazo total a la llegada de negocios y empresas de servicios que quitaran encanto “al tradicional Campeche”. La idea se fundamentaba al principio que “mientras menos tengamos, más tranquilos vamos a estar como ciudad”. Junto a este argumento “medieval” pero lógico, coexistía la información que ante la presencia de tantos, intermediarios, grupos e intereses, para que las franquicias pudieran instalarse en Campeche debían pagar en lo obscuro altas sumas de dinero a las autoridades implicadas o en su defecto hacerlos socios. Romper lo tradicional costaba mucho dinero. 
No hay elementos para comprobar que la llegada a Campeche de la originaria “de los Precios Bajos” realizara prácticas de sobornos en la entidad, sin embargo, tampoco se puede pasar por alto que su crecimiento en el estado coincide con el período sobre el que se hace la acusación. El caso, ante el que ya abrió una investigación  Hacienda, parece y es mucho más complejo. Las autoridades de los dos sexenios pasados tienen ahora otro pendiente: demostrar que ellos fueron la excepción de una regla. Pero la excepción define la regla, y en ningún caso la modifica.
 
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