EL DIA QUE CONOCÍ A FIDEL

Publicado: 06/05/2010 en Uncategorized

La Habana, 14 de diciembre de 1994, el rector de la Universidad de la Habana, Juan Vela Valdés, me llama a su oficina. Era el presidente de la Federación de Estudiantes Universitarios de la facultad de Filosofía, Historia y Sociología. Salí del salón de clases, y fui hasta la rectoría. La secretaria de despacho me hizo pasar a la oficina del rector, amplia, con muebles de caoba y cuadros de varios líderes de la revolución cuando estudiaban en esta misma universidad.
-Tienes que preparar una junta de inmediato, convoca a los demás dirigentes estudiantiles para que estén todos en la plaza principal para que puedan acceder al aula magna de la universidad. Me dijo el rector.
Aunque yo era solo dirigente estudiantil de la facultad, y había un líder universitario, el rector me utilizaba como puente de comunicación, el presidente de la federación de toda la universidad era Jorge Ramos, hijo de un diplomático cubano que había radicado con sus padres en Viena y que tenía ideas liberales para la época, nosotros éramos la generación confundida. Cinco años antes, cuando teníamos 18 años, había caído el muro de Berlín, y exterminado todo el campo socialista de Europa del Este. En la edad en la que adoptamos posiciones políticas, económicas y sociales con un criterio propio, nos levantamos un día, y nos dijeron que todo en lo que habíamos creído siempre, había desaparecido. Eso provocó que nos autonombraramos “la generación confundida”. Ciertamente ya estábamos en la universidad y eran momentos muy difíciles para el país desde el punto de vista político y económico. La Universidad, los maestros y los universitarios no podíamos estar ajenos al debate nacional.
Antes de irme de la oficina del rector le pregunté al rector: ¿Se puede saber porque o para que es la reunión en el aula magna?
-Si, pero no digas mucho, ni des detalles, hoy a las 9 de la noche vendrá Fidel a presentarnos a un amigo.
-¿Y por qué tenemos que estar a las seis?, pregunté. Por razones de seguridad, dijo el doctor.
Y así fue, fui a encontrarme con los miembros del consejo universitario, para explicarle la necesidad de que estuviesen a las seis en la plaza de la universidad para una reunión en el aula magna de la universidad. Algunos estaban emocionados pues ya le había dicho que vendría Fidel, pero no lo podían decir.
Fidel siempre ha sido, un político con un alto índice de popularidad en Cuba, si las personas se enteraban que estaría en algún lugar, se hacían grandes concentraciones de personas para verlo llegar, saludar y pasar. Por esa razón había que evitar que la información se filtrara al resto del estudiantado. En La Universidad, para ahorrar electricidad, desde años antes se había modificado el horario de clases para evitar encender las luces en horarios nocturnos, razón por la que a las seis de la tarde era difícil encontrar a algún estudiante en las áreas comunes del recinto o en las facultades.
A las seis de la tarde ya estábamos los que fuimos citados, unos 20 estudiantes, todos del consejo universitario estudiantil que representábamos 25 escuelas. Nos formaron, nos entregaron una credencial especial y nos explicaron que el comandante vendría a la universidad con un amigo suyo, que era muy importante que hiciéramos silencio durante la reunión, y que lo quería traer para presentárnoslo, y que al final podíamos hacer todas las preguntas que quisiéramos. Fidel estudió allí en la década del 50, su relación con la universidad era cercana.
A las 6 y media de la tarde del aquél 14 de diciembre de 1994, nos mandaron a pasar a ocupar nuestros lugares, cada butaca tenía el letrero que indicaba nuestro nombre, y fuimos advertidos más de una vez. Nadie podría cambiar lugares, nadie podía levantarse a conversar con nadie y si salíamos del salón tenía que ser por una causa muy justificada y seríamos acompañados por algún miembro del equipo de seguridad del estado. Algunos presidentes, han dicho que la seguridad del estado cubano, es de las más rigurosas y eficientes del mundo, y no les falta razón.
A las 8 y media, comienzan a llegar algunos extranjeros al salón, podíamos identificar que eran latinos pero no de cuál país. Nos piden a todos que estemos sentados, en unos minutos llegaría Fidel, y así lo hicimos, y así pasó. Solo escuchamos las llantas de los coches, puertas cerrándose y se abre la puerta principal. Aparece Fidel, figurando el traje verdeolivo que lo acompañaba desde 1959, sus grados de Comandante en jefe sobresalen en los hombros, y nosotros de pie. Fidel venía delante, su amigo, vestido todo de negro detrás. Cuando Fidel se acerca a saludarnos a todos, uno por uno, nos vamos sentando de nuevo, como nunca lo había tenido tan cerca, comprobé lo que era una apuesta con el dirigente de la facultad de economía. Fidel es más alto que yo, como por cuatro centímetros.
Se sentó el comandante, su amigo a un lado y le siguió el rector, todos los lugares ocupados, aproximadamente a las 9 y media Fidel comenzó a hablar, no hubo presentaciones, ni moderador, tomó la palabra e inició una larga conversación sobre los gobiernos en América Latina, las democracias fallidas de occidente, los problemas que provocaron que Mijail Gorvachov se riendiera ante el capitalismo. La influencia del presidente norteamericano Ronald Reagan y el papa Juan pablo II para aniquilar los sistemas socialistas de Europa del este, los problemas que atravesaba el país, la crisis económicas, la devaluación del dólar y el neoliberalismo que empezaba aplicarse en Argentina, México y Brasil. Así a las una y media de la mañana, terminó y nos dijo, ahora quiero que no solo me escuchen a mí, quiero que también tengan la opinión de este hombre que ha vivido en carne propia las desigualdades del capitalismo.
Sin mencionar nada más, este señor comenzó a hablar de su experiencia, de cómo había sido torturado, de cómo organizó una rebelión armada en su país para protestar contra el sistema, de cual debía ser el futuro de los latinoamericanos, de cómo emprender el camino del hombre del siglo XXI, conste, faltaban seis años para el cambio de siglo. Mientras lo escuchaba, apunté varios asuntos en los que tenía dudas o diferencias de enfoque, para presentarlos en la ronda final de preguntas y respuestas.
Al concluir su exposición el visitante, Fidel retoma la palabra para decirnos, ya es tarde, y ustedes tienen que estudiar mañana, pero escuchen bien, que no se les olvide esto que les voy a decir, este hombre que ustedes ven aquí, que no se les olvide nunca, será en un futuro el próximo presidente de su país. Cuatro años después, Hugo Chávez Frías se convirtió en presidente de Venezuela. Era la primera vez que se reunía con Fidel, acababa de salir de la cárcel tras pasar varios años después de encabezar un golpe de estado al entonces mandatario venezolano Carlos Andrés Pérez.
La vida me puso en el lugar ideal, para hacer preguntas que no pude hacer, pero me dejó la vivencia de haber sido testigo de la primera vez que Fidel y Chávez plantearon públicamente el propósito de lo que querían para América Latina. El festejo por el décimo aniversario de aquella reunión lo vi en las noticias en diciembre del 2004, estando causalmente yo de visita en Cuba. Fidel aún era presidente, al igual que Chávez, y Chávez lo sigue siendo porque sabe cuál es su encomienda.
Con Fidel hablé otras veces durante el 5to congreso de la Federación Estudiantil en el Centro de Convenciones de la Habana. Días después de aquél congreso su asistente personal me dijo un día:
-Vamos a ir a la casa que un amigo de Cuba tiene en La Habana, no me dijo nombres porque todo se convierte en secreto.
A las 10 de la noche pasaron por mi a la residencia estudiantil, minutos después llegamos, estábamos en la mansión que tenía en Cuba Carlos Salinas de Gortari, pero eso es otra historia.

vdelatorre@telesur.com.mx

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comentarios
  1. Francisco Jose Ruz Gamboa dice:

    Haciendo un recorrido por tus paginas, las vivencias son para mi siempre espectaculares y tus encuentros con Fidel todavia mas pero si nos debes la historia de la casa de salinas en cuba

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