LA ESTRELLA DE LOS GRANDES

Publicado: 29/04/2010 en Uncategorized

He oído decir que cuando alguien está «destinado» a convertirse en una personalidad de renombre mundial, nace con una luz en la frente que lo indentificará ante todos. Sin embargo, la historia en muchos casos contradice esta atrevida afirmación.

Galileo Galilei, nacido en Pisa en 1564, cultivó las matemáticas, la física y la astronomía. A él debemos la invención de la balanza hidrostática y el termómetro, además del descubrimiento de la ley que explica la caída libre de los cuerpos y llegó a enunciar el principio de la inercia.

Inventor del primer telescopio astronómico, estaba convencido de que la Tierra giraba alrededor del Sol, pero la Inquisición lo acusó de hereje «por ignorante» y lo obligó a retractarse públicamente de lo que hoy es algo elemental para cualquier alumno de enseñanza primaria.

Otro caso se registró a principios del siglo XVIII cuando los directivos de la Universidad de Cambridge, religiosos en su mayoría, se reunieron en varias oportunidades par discutir si un profesor que no pertenecía a la iglesia podía ser aceptado en el claustro.

Luego de varias discusiones decidieron aceptarlo. Gracias a esta decisión, Isaac Newton comenzó a impartir clases al día siguiente.

EINSTEIN, VICTOR HUGO Y EDGARD ALLAN POE

Casi un siglo después, un matrimonio alemán sufría limitaciones de su único hijo. A los cuatro años el niño no hablaba correctamente.

Tras ser examinado por un médico, este sentenció: «Señores, su hijo es incompetente, carece de reflejos y me temo que el retraso mental que presenta no podrá ser superado».

Pese a este grave diagnóstico, 38 años después, Albert Einstein recibía el premio Nobel de Física por formular la Teoría de la Relatividad.

Estos ejemplos, recogidos en las respectivas biografías de estos personajes, son suficientes para entender que muchas personas no siempre resolvieron llevar consigo la luz en la frente: Pero hay más.

Casi al mismo tiempo, a principios del siglo pasado, dos jóvenes, uno en Nueva York y otro en París, fueron expulsados por sus respectivos jefes.

El primero de una academia militar, por mostrar un comportamiento incorrecto y por rebeldía ante sus superiores. El segundo, de una editora, porque sus versos no eran vendibles por aquella época.

MUSICOS Y PINTORES

Fue así como Edgard Allan Poe abandonó el ejército para dedicarse a la literatura y Víctor Hugo aprovechó sus 20 años de entonces para dedicarse a otras actividades, mientras insistía en escribir.

También existieron casos de esta naturaleza en la música. En Alemania, en 1776, un maestro de piano pensaba cómo decirle a una familia de músicos que su último descendiente no podría continuar las clases.

-No tiene vocación, es mejor inscribirlo en una escuela técnica. Nunca será un buen compositor, ni siquiera un pianista regular-afirmó el docente.

El niño era Ludwing van Beethoven.

En Francia ocurrió algo singular a finales del siglo XIX. Un hombre se suicidó ante la marginación social a la que estuvo expuesto. Sus esfuerzos por plasmar en el óleo paisajes, retratos y flores no transcendieron.

Algunos lo consideran un desafortunado porque, en vida, Vicent van Gogh sólo vendió un cuadro.

Moraleja: no subestime a nadie a su alrededor; quienes se convierten en grandes personalidades, no siempre nacen iluminados.


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